Connect with us

Geek

La función secreta de WhatsApp que pocos conocen

Published

on

La privacidad volvió a convertirse en una de las prioridades más importantes para los usuarios de aplicaciones de mensajería, y ahora WhatsApp quiere llevar esa idea un paso más allá. La plataforma propiedad de Meta comenzó a activar una nueva función que muchos ya comparan con el clásico «modo incógnito» de los navegadores. 

La herramienta está enfocada en las conversaciones con Meta AI, la inteligencia artificial integrada dentro de la aplicación, y promete algo que hasta hace poco parecía imposible al hablar con la IA sin dejar rastros en el historial del teléfono.

¿Qué es el modo incógnito de WhatsApp?
La nueva característica empezó a desplegarse en Argentina y llegará de manera gradual a más usuarios en Android, iPhone y también en la versión web. La propuesta es sencilla pero poderosa al crear un espacio privado y temporal donde las conversaciones desaparecen automáticamente y no quedan guardadas dentro de la aplicación.

El nuevo sistema funciona como una especie de «chat secreto», para interactuar con Meta AI. Cuando el usuario activa esta modalidad, las conversaciones dejan de almacenarse y la inteligencia artificial no conserva memoria de lo que se habló durante la sesión.

Es decir, si alguien hace preguntas personales, busca consejos delicados o simplemente quiere mantener privacidad sobre ciertos temas, podrá hacerlo sin preocuparse por dejar evidencia en el dispositivo.

De acuerdo con la información compartida por Meta, estos chats cuentan además con cifrado de extremo a extremo y se procesan dentro de un entorno separado del resto de la infraestructura de la compañía.

Así funciona la nueva herramienta privada
La dinámica es bastante diferente al funcionamiento habitual de Meta AI. Normalmente, la inteligencia artificial puede recordar información de conversaciones previas para ofrecer respuestas más personalizadas.

Sin embargo, en el modo incógnito esto desaparece por completo.

Cada sesión comienza desde cero y, una vez terminada, los mensajes se eliminan automáticamente. La idea es que los usuarios puedan hacer consultas con total libertad, sin que exista un historial permanente dentro de la aplicación.

Desde Meta explicaron que esta función busca ofrecer una experiencia temporal y segura para quienes desean explorar ideas, pedir recomendaciones o resolver dudas privadas.

Un ejemplo práctico sería pedir sugerencias para comprar un regalo sorpresa sin que otra persona que use el mismo celular pueda descubrirlo más tarde revisando las conversaciones.

También podría ser útil para consultas sensibles relacionadas con trabajo, relaciones personales o temas cotidianos que el usuario prefiera mantener en reserva.

Cómo activar el modo incógnito en WhatsApp
Aunque el despliegue todavía es gradual, la función comenzará a aparecer en la sección de Meta AI dentro de WhatsApp.

Para activarla, los usuarios deberán ingresar al chat con la inteligencia artificial y seleccionar la opción de conversación privada o temporal, dependiendo de cómo aparezca en cada dispositivo.

Una vez habilitado, el sistema abrirá una sesión separada donde los mensajes desaparecerán automáticamente y no se almacenarán en el historial tradicional de la aplicación.

Por ahora, esta modalidad solo está disponible para conversaciones de texto, por lo que herramientas más avanzadas de Meta AI, como la generación de imágenes, todavía no forman parte del modo privado.

La compañía adelantó además que en los próximos meses llegarán nuevas herramientas relacionadas con privacidad, incluyendo un sistema de «chat paralelo protegido» que permitirá recibir ayuda de la IA dentro de conversaciones normales sin interrumpir el chat principal.

Privacidad, pero con límites
Aunque Meta enfatiza que las conversaciones están protegidas y cifradas, la empresa aclaró que el sistema igualmente podría detectar ciertas situaciones sensibles.

Según explicó la compañía, la inteligencia artificial podría sugerir ayuda profesional en casos donde identifique señales relacionadas con crisis emocionales o problemas de salud mental.

Esto significa que, si bien los mensajes no quedan almacenados ni accesibles para Meta, sí existirán mecanismos automáticos destinados a ofrecer apoyo en situaciones delicadas.

La llegada de esta función también refleja cómo las plataformas tecnológicas están intentando responder a una preocupación cada vez más común: el miedo de los usuarios a perder control sobre su información personal.

En tiempos donde prácticamente toda conversación digital deja huella, la posibilidad de interactuar con una inteligencia artificial sin historial permanente podría convertirse en uno de los cambios más importantes para WhatsApp en los próximos meses.

Y aunque todavía muchos usuarios no saben que existe, el llamado «modo incógnito» ya comienza a perfilarse como una de las funciones más interesantes dentro de la aplicación de mensajería más utilizada del mundo.

Geek

Francia da libre acceso a redes a menores

Published

on

By

El Consejo Constitucional de Francia, máximo garante de la Carta Magna en el país, censuró este viernes el artículo fundamental de la ley que prohíbe el acceso a las redes sociales a menores de 15 años. La decisión asesta un duro golpe a uno de los proyectos legislativos clave del cierre de mandato del presidente Emmanuel Macron.  

En su fallo, la institución dictaminó que la restricción constituye una transgresión desproporcionada de la libertad de expresión. Asimismo, argumentó que la medida afecta por igual a plataformas de bajo riesgo para los menores y no toma en consideración aspectos como el nivel de madurez o el consentimiento parental.  

A pesar del revés judicial, el mandatario francés insistió en la necesidad de proteger a la infancia en el entorno digital. Por ello, solicitó de inmediato al primer ministro la reelaboración de un marco normativo jurídicamente sólido que subsane estas inconsistencias constitucionales.  

Continue Reading

Geek

Destruir libros para crear algoritmos: el secreto del escabroso «Proyecto Panamá» de las IA

Published

on

By

Las grandes compañías tecnológicas recurren a la compra masiva y el escaneo destructivo de obras descatalogadas y raras para alimentar sus grandes modelos de lenguaje (LLM).

Una investigación periodística reveló la existencia del «Proyecto Panamá», un plan desarrollado por empresas de inteligencia artificial para escanear y digitalizar masivamente la producción escrita humana. Este procedimiento, de carácter destructivo, consiste en cortar el lomo de los libros e introducir las páginas sueltas en escáneres industriales de alta velocidad a un costo menor y en menor tiempo.

El patrón que encendió las alarmas

Libreros de viejo y anticuarios en España, Alemania, Países Bajos, Australia y Nueva Zelanda comenzaron a detectar órdenes de compra atípicas de obras en lenguas locales o sobre temas muy específicos. Tras abonar cuantiosos gastos de envío internacional sin reparar en costos, las empresas intermediarias destinaban los ejemplares a la digitalización industrial.

El fenómeno cobró relevancia tras revelarse un documento judicial en el marco de demandas colectivas presentadas por autores contra firmas como Anthropic por el uso no autorizado de sus obras.

Riesgos para la memoria cultural y el lenguaje

Expertos y comerciantes del sector advierten que este método genera graves inconvenientes:

  • Pérdida de patrimonio: Existe el riesgo de destruir ejemplares únicos o de tiradas limitadas que no cuentan con ISBN o registros digitales previos.
  • Falta de contexto: El proceso elimina metadatos valiosos (anotaciones, encuadernaciones artesanales, procedencia) esenciales para la investigación histórica.
  • Degradación del contenido (datos sintéticos): Ante el agotamiento del material humano, entrenar a los modelos con textos generados por otras IA corre el riesgo de simplificar o viciar el lenguaje.

Como alternativa, especialistas proponen que sean las propias bibliotecas y libreros quienes digitalicen y licencien el patrimonio bibliográfico, garantizando tanto el entrenamiento de los algoritmos como la preservación física de los libros.

Continue Reading

Geek

La IA no es inteligente, solo automatiza el razonamiento

Published

on

By

Un modelo de lenguaje tiene la capacidad de argumentar con solidez una política pública y, segundos más tarde, sostener la postura contraria. Mientras que en un ser humano esta versatilidad reflejaría flexibilidad mental o pura retórica, en la máquina obedece simplemente a un cambio de instrucción (prompt). La fluidez del texto no revela qué ha comprendido el sistema ni su grado de compromiso con lo que afirma.

Articular argumentos no equivale a comprender su significado real, su pertinencia o el alcance de sus consecuencias. En la experiencia humana, estas dimensiones operan entrelazadas bajo el concepto general de inteligencia. Sin embargo, el avance de la tecnología actual nos exige segmentar estos procesos de forma más rigurosa.

Para entender esta diferencia, la filosofía clásica distinguía entre ratio e intellectus. Como explicaba Tomás de Aquino, no se trata de dos mentes distintas, sino de dos modos de operar: la ratio avanza paso a paso infiriendo y justificando, mientras que el intellectus capta la verdad de fondo de forma inmediata. Hoy en día, un algoritmo puede replicar una cadena lógica impecable sin entender realmente por qué sus premisas son válidas o cuándo dejan de ser aplicables.

Aunque estas nociones nacieron para describir la mente humana, sirven de analogía para el entorno digital: los modelos organizan datos, completan esquemas argumentales y simulan inferencias con gran precisión. Su alto rendimiento discursivo no implica que posean inteligencia en sentido amplio, sino que han logrado automatizar la mecánica del razonamiento sin alcanzar la verdadera comprensión.

El intento de mecanizar el pensamiento viene de lejos. En el siglo XVII, Hobbes definió el razonamiento como un mero cálculo, y en 1950 Alan Turing replanteó el debate con su famoso «juego de imitación» para evaluar si una máquina podía hacerse pasar por humana. Aquel experimento abrió una fructífera ruta de investigación, pero no resolvió el misterio de qué significa pensar.

Por su parte, el procesamiento estadístico del lenguaje también tiene precedentes clave. En 1913, Andréi Márkov analizó miles de letras para calcular la probabilidad de transición entre vocales y consonantes, mientras que Claude Shannon construyó en 1948 patrones del idioma inglés agregando contexto. Aunque las frases resultantes parecían cada vez más naturales, carecían de intención comunicativa.

Los modelos actuales llevan esa lógica estadística a un nivel masivo: procesan fragmentos de texto y prevén la palabra más probable dentro de un contexto gigante. Su objetivo durante el preentrenamiento es generar secuencias coherentes, no verificar su veracidad. Por ello, una respuesta perfectamente redactada puede contener verdades o falsedades por igual, ya que la fluidez sintáctica no garantiza la validez de los datos.

Esta realidad genera un debate abierto en la comunidad científica. Parte de los lingüistas argumenta que manipular reglas del lenguaje sin contacto real con el mundo impide la existencia de un significado verdadero. En contraste, otros investigadores señalan que las complejas conexiones internas que aprende el modelo constituyen una forma válida de representación conceptual.

La evidencia actual muestra que estos sistemas han aprendido patrones lingüísticos extraordinariamente complejos, pero una respuesta correcta no demuestra la comprensión subyacente. En términos analógicos, la IA destaca como una herramienta avanzada de ratio, pero carece por completo de intellectus.

Esta distinción cobra vital importancia cuando las respuestas automáticas influyen en el mundo real. En el sector salud, un algoritmo puede resumir historiales médicos, pero es el especialista quien debe evaluar los síntomas y responsabilizarse del tratamiento. En el ámbito legal, la máquina redacta borradores de contratos en segundos, pero la validación y firma quedan en manos del abogado. En la investigación, los modelos pueden sugerir hipótesis, pero la validación empírica corresponde al científico.

A esto se suma un importante riesgo social: al atribuir capacidad intelectual a las máquinas basándonos solo en su velocidad y volumen, corremos el riesgo de redefinir la propia inteligencia humana bajo parámetros puramente cuantitativos. En una cultura impulsada por la eficiencia inmediata, procesos clave como la deliberación, la verificación de fuentes y el cuestionamiento crítico corren el peligro de ser relegados por considerarse improductivos.

El propio concepto de «inteligencia artificial» nació en la propuesta de 1955 para el histórico seminario de Dartmouth. Sus impulsadores planteaban que cualquier aspecto del aprendizaje podría describirse minuciosamente para ser simulado por una máquina. Conviene enfatizar ese verbo: simular los aspectos externos del pensamiento no equivale a replicar la mente en su totalidad.

Siete décadas después, los avances han superado cualquier previsión inicial, dando lugar a herramientas potentes que agilizan el trabajo intelectual. Sin embargo, resulta crucial evitar confundir el rendimiento técnico con la capacidad de comprensión. Saber responder no lo es todo; la verdadera inteligencia radica en entender el porqué de la respuesta, sus límites y cómo actuar ante ella.

Continue Reading

Tendencia

Copyright © 2021 La Hora