Connect with us

Geek

ALERTA Hay un fraude bancario que inicia con un mensaje de tu propio banco

Published

on

El fraude bancario se moderniza con las nuevas tecnologías que van surgiendo, una de ellas, la Inteligencia Artificial (IA), la cual es aprovechada por los hacker para simular absolutamente todo de un banco, sin embargo, ha surgido una nueva amenaza y tiene que ver con un mensaje (SMS) que llega al cliente que lo hace bajar la guardia por el canal de donde proviene. 

Hasta ahora, se tienen advertencias de estafas bancarias a través de llamadas telefónicas, páginas suplantadas, correos electrónicos, entre otros canales. No obstante, una nueva alerta llega y ahora es a través de mensajes, pero de la propia institución bancaria del cliente víctima.

Esta amenaza preocupa porque al ser un mensaje del mismo banco, hace que las personas bajen la guardia y caigan en la trampa.

Fraude bancario desde un mensaje del banco

La técnica más sofistica de este modus operandi para un fraude bancario, es conocido como SMS spoofing, el cual falsifica el remitente de un mensaje de texto.

Es decir, el usuario visualiza el mensaje dentro del mismo chat histórico en donde ha recibido códigos de verificación, movimientos de su cuenta o avisos legítimos de la institución bancaria en donde está dado de alta.

Lo anterior, es una amenaza realmente sofisticada pues, hasta ahora, los clientes tenían claro lo que no debían hacer para caer en una estafa a través de ciertas ligas falsas o llamadas, cuidando sus datos privados de su banco o tarjeta bancaria.

Ahora, con esto, la complejidad va más allá y los riesgos de un fraude se han intensificado, puesto que los hacker han conseguido adentrarse en la lista de los mensajes de texto recibidos por los clientes y mandar un SMS más, como si fuera fidedigno.

¿Qué dice el SMS para la estafa?

Han sido las mismas instituciones bancarias quienes se han percatado de que algunos ciberdelincuentes están consiguiendo burlar la propia identidad del banco a través de un mensaje que lanzan a sus usuarios.

El mensaje, aunque puede variar, casi siempre advierte de un pago inminente que se va a cargar en la cuenta bancaria por un importe que, además, suele ser muy elevado.

La alerta, por supuesto, es doble para el cliente: la primera, por la cantidad de dinero que implica; y la segunda, por el remitente, con quien ya tiene un historial de mensajes y por ello se confía.

En el SMS, los hacker suelen proporcionar un número telefónico para que el cliente llame y aclare la situación indicada. Ahí suele estar ‘el gancho’, pues que realmente se trata de un teléfono que no tiene que ver con la institución bancaria y que, previsiblemente, derivará en la solicitud de todo tipo de datos personales para consumar el fraude.

¿Instalación de otra app?
Además de la llamada que llega como solicitud en un SMS del supuesto banco, hay otra forma que utilizan los ciberdelincuentes para intentar la estafa ‘maestra’.

El modus operandi tiene que ver con una actualización de la aplicación. Aquí, el fraude comienza con el mismo mensaje desde el banco, o supuestamente desde ahí, ya que hay alguien infiltrado en el canal de comunicación previo.

En este SMS, el hacker alerta sobre una operación sospechosa o un supuesto problema de seguridad y, con esa excusa, pide al cliente que instale otra aplicación del banco, que en realidad resulta ser falsa.

Por medio de dicha app, puede solicitar acciones inusuales como datos de la tarjeta bancaria, lo que permite realizar operaciones en nombre del cliente y poner en riesgo sus ahorros.

Señales de fraude y recomendaciones
Aunque la tecnología evoluciona y los hacker intentan de todo para consumar los fraudes bancarios, todavía hay señales para identificar un intento de estafa.

Los más comunes son aquellos que suelen generar presión psicológica diciendo que la cuenta será bloqueada, cargos sumamente altos o pérdida de dinero. Además, casi todos piden a la víctima actuar rápidamente para que no tenga tiempo de verificar la información.

Otras señales son cuando te piden códigos, NIP o contraseñas para confirmar algún movimiento o hacer una verificación. Para ello es importante dejar en claro que ningún banco solicita este tipo de datos por teléfono, SMS o WhatsApp.

Para protegerte de las estafas, algunas recomendaciones son:

Nunca abrir enlaces enviados por SMS o aplicaciones de mensajería, incluso si aparentemente provienen del banco.
Evitar compartir demasiada información personal en redes sociales, especialmente audios o videos públicos que puedan ser utilizados para clonación de voz mediante inteligencia artificial.
Activar alertas bancarias, autenticación en dos pasos y revisar constantemente movimientos en cuentas y tarjetas.

Geek

Francia da libre acceso a redes a menores

Published

on

By

El Consejo Constitucional de Francia, máximo garante de la Carta Magna en el país, censuró este viernes el artículo fundamental de la ley que prohíbe el acceso a las redes sociales a menores de 15 años. La decisión asesta un duro golpe a uno de los proyectos legislativos clave del cierre de mandato del presidente Emmanuel Macron.  

En su fallo, la institución dictaminó que la restricción constituye una transgresión desproporcionada de la libertad de expresión. Asimismo, argumentó que la medida afecta por igual a plataformas de bajo riesgo para los menores y no toma en consideración aspectos como el nivel de madurez o el consentimiento parental.  

A pesar del revés judicial, el mandatario francés insistió en la necesidad de proteger a la infancia en el entorno digital. Por ello, solicitó de inmediato al primer ministro la reelaboración de un marco normativo jurídicamente sólido que subsane estas inconsistencias constitucionales.  

Continue Reading

Geek

Destruir libros para crear algoritmos: el secreto del escabroso «Proyecto Panamá» de las IA

Published

on

By

Las grandes compañías tecnológicas recurren a la compra masiva y el escaneo destructivo de obras descatalogadas y raras para alimentar sus grandes modelos de lenguaje (LLM).

Una investigación periodística reveló la existencia del «Proyecto Panamá», un plan desarrollado por empresas de inteligencia artificial para escanear y digitalizar masivamente la producción escrita humana. Este procedimiento, de carácter destructivo, consiste en cortar el lomo de los libros e introducir las páginas sueltas en escáneres industriales de alta velocidad a un costo menor y en menor tiempo.

El patrón que encendió las alarmas

Libreros de viejo y anticuarios en España, Alemania, Países Bajos, Australia y Nueva Zelanda comenzaron a detectar órdenes de compra atípicas de obras en lenguas locales o sobre temas muy específicos. Tras abonar cuantiosos gastos de envío internacional sin reparar en costos, las empresas intermediarias destinaban los ejemplares a la digitalización industrial.

El fenómeno cobró relevancia tras revelarse un documento judicial en el marco de demandas colectivas presentadas por autores contra firmas como Anthropic por el uso no autorizado de sus obras.

Riesgos para la memoria cultural y el lenguaje

Expertos y comerciantes del sector advierten que este método genera graves inconvenientes:

  • Pérdida de patrimonio: Existe el riesgo de destruir ejemplares únicos o de tiradas limitadas que no cuentan con ISBN o registros digitales previos.
  • Falta de contexto: El proceso elimina metadatos valiosos (anotaciones, encuadernaciones artesanales, procedencia) esenciales para la investigación histórica.
  • Degradación del contenido (datos sintéticos): Ante el agotamiento del material humano, entrenar a los modelos con textos generados por otras IA corre el riesgo de simplificar o viciar el lenguaje.

Como alternativa, especialistas proponen que sean las propias bibliotecas y libreros quienes digitalicen y licencien el patrimonio bibliográfico, garantizando tanto el entrenamiento de los algoritmos como la preservación física de los libros.

Continue Reading

Geek

La IA no es inteligente, solo automatiza el razonamiento

Published

on

By

Un modelo de lenguaje tiene la capacidad de argumentar con solidez una política pública y, segundos más tarde, sostener la postura contraria. Mientras que en un ser humano esta versatilidad reflejaría flexibilidad mental o pura retórica, en la máquina obedece simplemente a un cambio de instrucción (prompt). La fluidez del texto no revela qué ha comprendido el sistema ni su grado de compromiso con lo que afirma.

Articular argumentos no equivale a comprender su significado real, su pertinencia o el alcance de sus consecuencias. En la experiencia humana, estas dimensiones operan entrelazadas bajo el concepto general de inteligencia. Sin embargo, el avance de la tecnología actual nos exige segmentar estos procesos de forma más rigurosa.

Para entender esta diferencia, la filosofía clásica distinguía entre ratio e intellectus. Como explicaba Tomás de Aquino, no se trata de dos mentes distintas, sino de dos modos de operar: la ratio avanza paso a paso infiriendo y justificando, mientras que el intellectus capta la verdad de fondo de forma inmediata. Hoy en día, un algoritmo puede replicar una cadena lógica impecable sin entender realmente por qué sus premisas son válidas o cuándo dejan de ser aplicables.

Aunque estas nociones nacieron para describir la mente humana, sirven de analogía para el entorno digital: los modelos organizan datos, completan esquemas argumentales y simulan inferencias con gran precisión. Su alto rendimiento discursivo no implica que posean inteligencia en sentido amplio, sino que han logrado automatizar la mecánica del razonamiento sin alcanzar la verdadera comprensión.

El intento de mecanizar el pensamiento viene de lejos. En el siglo XVII, Hobbes definió el razonamiento como un mero cálculo, y en 1950 Alan Turing replanteó el debate con su famoso «juego de imitación» para evaluar si una máquina podía hacerse pasar por humana. Aquel experimento abrió una fructífera ruta de investigación, pero no resolvió el misterio de qué significa pensar.

Por su parte, el procesamiento estadístico del lenguaje también tiene precedentes clave. En 1913, Andréi Márkov analizó miles de letras para calcular la probabilidad de transición entre vocales y consonantes, mientras que Claude Shannon construyó en 1948 patrones del idioma inglés agregando contexto. Aunque las frases resultantes parecían cada vez más naturales, carecían de intención comunicativa.

Los modelos actuales llevan esa lógica estadística a un nivel masivo: procesan fragmentos de texto y prevén la palabra más probable dentro de un contexto gigante. Su objetivo durante el preentrenamiento es generar secuencias coherentes, no verificar su veracidad. Por ello, una respuesta perfectamente redactada puede contener verdades o falsedades por igual, ya que la fluidez sintáctica no garantiza la validez de los datos.

Esta realidad genera un debate abierto en la comunidad científica. Parte de los lingüistas argumenta que manipular reglas del lenguaje sin contacto real con el mundo impide la existencia de un significado verdadero. En contraste, otros investigadores señalan que las complejas conexiones internas que aprende el modelo constituyen una forma válida de representación conceptual.

La evidencia actual muestra que estos sistemas han aprendido patrones lingüísticos extraordinariamente complejos, pero una respuesta correcta no demuestra la comprensión subyacente. En términos analógicos, la IA destaca como una herramienta avanzada de ratio, pero carece por completo de intellectus.

Esta distinción cobra vital importancia cuando las respuestas automáticas influyen en el mundo real. En el sector salud, un algoritmo puede resumir historiales médicos, pero es el especialista quien debe evaluar los síntomas y responsabilizarse del tratamiento. En el ámbito legal, la máquina redacta borradores de contratos en segundos, pero la validación y firma quedan en manos del abogado. En la investigación, los modelos pueden sugerir hipótesis, pero la validación empírica corresponde al científico.

A esto se suma un importante riesgo social: al atribuir capacidad intelectual a las máquinas basándonos solo en su velocidad y volumen, corremos el riesgo de redefinir la propia inteligencia humana bajo parámetros puramente cuantitativos. En una cultura impulsada por la eficiencia inmediata, procesos clave como la deliberación, la verificación de fuentes y el cuestionamiento crítico corren el peligro de ser relegados por considerarse improductivos.

El propio concepto de «inteligencia artificial» nació en la propuesta de 1955 para el histórico seminario de Dartmouth. Sus impulsadores planteaban que cualquier aspecto del aprendizaje podría describirse minuciosamente para ser simulado por una máquina. Conviene enfatizar ese verbo: simular los aspectos externos del pensamiento no equivale a replicar la mente en su totalidad.

Siete décadas después, los avances han superado cualquier previsión inicial, dando lugar a herramientas potentes que agilizan el trabajo intelectual. Sin embargo, resulta crucial evitar confundir el rendimiento técnico con la capacidad de comprensión. Saber responder no lo es todo; la verdadera inteligencia radica en entender el porqué de la respuesta, sus límites y cómo actuar ante ella.

Continue Reading

Tendencia

Copyright © 2021 La Hora