En un supermercado Carrefour de la ciudad de Varsovia, en Europa del Este, se venden paquetes de ocho baterías marca Segalmex por 9.99 zlotys, equivalentes a 43 pesos mexicanos. Esas pilas tuvieron que cruzar el Atlántico y viajar más de 10 mil kilómetros desde México hasta llegar a Polonia, publicó El País.
El nombre que llevan esas baterías, Segalmex, hace referencia a Seguridad Alimentaria Mexicana, la tienda de abasto social creada por el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador para vender productos a precios bajos a los más pobres.
Esta historia involucra un producto que Segalmex compró a finales de 2019 a una empresa nacional, Tempoel México S. A. de C. V., por alrededor de 15 millones de pesos. La adquisición se hizo a través de Diconsa, filial de Segalmex, como parte del Programa de Abasto Rural.
En marzo de ese año el Gobierno mexicano había decidido que las pilas debían ser consideradas un producto de consumo básico, a la par de alimentos como carnes, lácteos, granos, harinas, pan y enlatados.
Tempoel —filial de la transnacional española Tempel Group— no entregó a la dependencia gubernamental la cantidad completa de las baterías, a pesar de que Segalmex hizo el pago total por adelantado, de acuerdo con auditorías internas a la que ha tenido acceso El País.
La proveedora mexicana ha confirmado a este diario que, en efecto, no hizo la entrega de todo el pedido, pero responsabilizó a Segalmex de frenar la recepción del producto y de obligarla a mantenerlo almacenado en sus bodegas con la fecha de expiración en puerta.
Las pilas vendidas en Varsovia son comercializadas en países de Europa por la empresa polaca Maxx10Group Sp. Zoo, según ha confirmado este periódico. La compañía está localizada en el poblado rural de Lazy y se dedica a la compra de bienes en existencia a gran escala, es decir, productos que terceros tengan disponibles en sus almacenes. En un portal de ventas por internet al mayoreo, la empresa afirma que dispone de 40 mil “conjuntos” de baterías a un precio unitario de 0,2 euros, unos cuatro pesos mexicanos.
No está claro si Segalmex comerció directamente las pilas con Maxx10Group o si la compañía polaca las obtuvo de Tempoel. Este diario envió un correo a Maxx10Group para preguntarle con quién hizo el negocio para adquirir el producto, en qué fecha y cuánto pagó, pero no atendió la petición. Segalmex se ha deslindado de la transacción con el argumento de que no cuenta con facultades ni con un área comercial dedicada a las ventas al extranjero. Por su parte, Tempoel ha asegurado que tampoco vendió el producto remanente en sus almacenes.
Un fraude estructural
Las irregularidades en la compra de esas pilas quedaron registradas en varios controles internos. Un análisis hecho por Segalmex en 2022 revisa unos 120 pedidos realizados en los dos primeros años de operaciones a través de compras centralizadas, un mecanismo que se puso en marcha con la unificación de Diconsa y Liconsa bajo el manto de Segalmex y que dio el control total de las adquisiciones al titular de la Unidad de Administración y Finanzas, que en ese periodo fue René Gavira, acusado por la Fiscalía de cometer varios actos de corrupción en la dependencia. De acuerdo al documento, del total del dinero gastado en productos de la canasta básica, unos mil 94 millones de pesos, Segalmex recibió alrededor del 90%. El restante 10% fueron productos por los que pagaron, pero nunca recibieron.
Bajo la dirección de Ignacio Ovalle, Segalmex comenzó a utilizar un concepto denominado “recepción jurídica”, una figura poco común en la administración pública que implicaba que el organismo pagaba a los proveedores la totalidad de los contratos, pero las empresas conservaban los productos hasta que la dependencia los solicitara. Esta práctica llevó a que los proveedores no entregaran el 100% de lo que se les había comprado, generando un daño a la Hacienda pública. Entre los contratos que entraron bajo esta categoría hay, además de las pilas, compras de champú para piojos, gelatina, chocolate, café o carne deshebrada.
Una nota informativa interna de Segalmex explica que “derivado de los grandes volúmenes de artículos de las compras consolidadas, que se adquirieron en el último trimestre de 2019 y principios de 2020, se generó la siguiente problemática: varios proveedores no entregaron los artículos en su totalidad, se adquirieron artículos que no eran solicitados por las comunidades, se convirtieron en artículos de lento y nulo desplazamiento y en muchos casos en artículos en mal estado”.
Algo similar pasó con las pilas. Las piezas que sí recibió Segalmex de Tempoel fueron distribuidas en 43 unidades operativas en todo el país. Pero muchas de ellas nunca fueron vendidas y se pusieron en mal estado. Por ejemplo, en una investigación realizada en 2020, la Auditoría Superior de la Federación encontró paquetes con 13 mil 480 pilas caducas en un almacén de Villahermosa, Estado de Tabasco.
Caducadas, arrumbadas en bodegas, perdidas en mercados extranjeros a miles de kilómetros de distancia, el grueso de las pilas, cuya compra significó un gasto millonario de dinero público, no llegó a las manos que debía llegar, las de los más pobres de México. (Fuente: El País)