Las políticas ambientales implementadas a nivel global se encuentran todavía muy lejos de alcanzar la reducción de gases contaminantes indispensable para frenar el acelerado calentamiento del planeta, advirtió el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). A través de su más reciente informe anual, el organismo internacional lanzó un llamado urgente a la comunidad internacional para acelerar drásticamente los recortes de emisiones antes de que concluya el año 2035 y evitar escenarios catastróficos.
De acuerdo con las proyecciones detalladas en el Informe sobre la brecha de emisiones, las emisiones globales de gases de efecto invernadero tendrían que disminuir al menos un 45 por ciento para el año 2035, tomando como referencia los parámetros necesarios para limitar la magnitud del incremento térmico. No obstante, las estimaciones señalan que, bajo las normativas vigentes y los compromisos actuales asumidos por los países, la reducción real prevista apenas oscilará entre el 11 y el 15 por ciento.
El organismo advirtió que, incluso en el escenario más favorable donde las naciones cumplan a cabalidad sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional y alcancen metas adicionales de cero emisiones netas, la temperatura promedio del planeta podría registrar un aumento de hasta 2.1 grados centígrados durante el presente siglo. Para mitigar esta tendencia y lograr estabilizar el calentamiento global en la meta crítica de 1.5 grados centígrados hacia el año 2100, la organización subrayó la imperiosa necesidad de aplicar medidas extraordinarias de mitigación con efectos rápidos.
Como parte de las acciones estructurales propuestas por el PNUMA, se contempla una transformación profunda en los patrones globales de consumo energético, priorizando el abandono gradual de combustibles fósiles altamente contaminantes. Para el año 2035, el organismo plantea disminuir drásticamente la participación del carbón en un 55 por ciento, reducir la dependencia del petróleo en un 15 por ciento y recortar el uso de gas natural en un 5 por ciento, proyectando incrementos mucho más severos en las restricciones de consumo hacia el año 2040.
Finalmente, el reporte enfatiza que el esfuerzo internacional no debe limitarse exclusivamente al dióxido de carbono, sino que requiere atender de manera simultánea la contención de otros contaminantes de alto impacto como el metano. La dependencia ambiental concluyó que el despliegue acelerado de fuentes de energía renovable y la adopción de esquemas fiscales estrictos serán las únicas herramientas capaces de reorientar el rumbo climático antes de alcanzar puntos de no retorno para la estabilidad ecológica mundial.