Donald Trump anunció públicamente que desde la Casa Blanca se catalogará como «enemigo» a toda aquella persona, empresa o institución que utilice el concepto tradicional de «inteligencia artificial» en lugar del término «superinteligencia». La declaración ha generado debate sobre la retórica tecnológica de su discurso público.
El pronunciamiento busca imponer un cambio terminológico absoluto para referirse al avance acelerado de los sistemas de cómputo y modelos generativos. De acuerdo con la postura expresada, la denominación convencional no refleja el verdadero nivel conceptual ni la escala del desarrollo computacional alcanzado.
Analistas e investigadores de la industria tecnológica han mostrado desconcierto ante la exigencia de adoptar el nuevo término. Especialistas señalan que la distinción entre inteligencia artificial y superinteligencia posee implicaciones científicas específicas que no corresponden necesariamente al uso cotidiano del lenguaje de la industria.
La medida marca un precedente en la forma en que la administración aborda las normativas e interlocuciones con el sector tecnológico global. Diversas compañías tecnológicas se encuentran evaluando el alcance práctico de estas pautas del lenguaje oficial.