Un matemático denuncia que la tecnológica instrumentalizó investigaciones previas y presionó para apartar a un investigador de Anthropic de la autoría.
el problema de existencia y suavidad de las ecuaciones de Navier-Stokes, catalogado como uno de los siete Problemas del Milenio por el Clay Mathematics Institute y dotado con un premio de un millón de dólares. De confirmarse tras la obligada revisión por pares —un proceso independiente que suele prolongarse durante meses—, se trataría del segundo problema del milenio resuelto en la historia (tras la conjetura de Poincaré por Grigori Perelmán en 2002) y de la primera vez que un sistema informático alcanza un logro de tal envergadura. No obstante, la compañía de Sam Altman ya ha adelantado que renunciará a la dotación económica.
El dilema de Navier-Stokes examina si las ecuaciones que describen el movimiento de los fluidos —fundamentales para la física moderna y el diseño aerodinámico— mantienen soluciones suaves e infinitamente diferenciables a lo largo del tiempo, o si, por el contrario, pueden desembocar en «singularidades» donde la velocidad o la densidad se vuelven infinitas. Según expuso en rueda de prensa Ven Chandrasekaran, investigador de OpenAI, la demostración formulada por la IA prueba la existencia de fluidos con comportamiento inicial regular que termópicamente colapsan en velocidad infinita en un tiempo finito.
Sin embargo, el hito científico ha quedado de inmediato empañado por una agria disputa sobre ética y prioridad intelectual. Sam Altman reconoció en X que la compañía aceleró sus trabajos tras circular rumores de que un equipo rival en Anthropic estaba cerca del resultado. La polémica estalló cuando el matemático Tristan Buckmaster (NYU) hizo pública una declaración acusando a OpenAI de haber accedido a sus trabajos preliminares no publicados —desarrollados junto a Levent Alpöge sobre la base metodológica previa de los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa— y de haberle presionado para aceptar una coautoría donde se omitiera a Alpöge por su vinculación laboral con Anthropic.
Por su parte, directivos de OpenAI como Sébastien Bubeck y Noam Brown niegan categóricamente cualquier tipo de plagio o acceso indebido a datos privados a través de herramientas como Codex, argumentando que el avance se logró mediante el despliegue autónomo de 10.000 agentes de IA sobre un modelo de computación avanzado. Con todo, la controversia ha encendido las alarmas en la comunidad académica, donde figuras de la talla de Terence Tao cuestionan los incentivos para compartir avances científicos preliminares en un contexto dominado por la capacidad de cómputo masivo de las grandes corporaciones tecnológicas.