Las fuerzas armadas de Estados Unidos llevaron a cabo una operación de alta tecnología en la zona fronteriza con México al derribar tres vehículos aéreos no tripulados. Las acciones estuvieron a cargo de la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur en coordinación con el Comando Norte (Northcom).
De acuerdo con los informes oficiales, los dispositivos volaban del lado estadounidense en territorio de Texas durante la noche. Las autoridades militares confirmaron que los artefactos aéreos pertenecían presuntamente a carteles de la droga mexicanos que operan en rutas de trasiego ilegal.
Para neutralizar la amenaza aérea, el ejército estadounidense empleó un sistema de defensa basado en tecnología láser. Este tipo de intervenciones resalta la creciente preocupación por el uso de drones comerciales modificados con fines criminales para vigilancia y espionaje transfronterizo.
El general Curtis Taylor, comandante de la fuerza fronteriza, reconoció y agradeció públicamente el respaldo y la colaboración de los socios del Ejército mexicano. Ambas naciones acordaron intensificar el intercambio de inteligencia para frenar el uso de nueva tecnología por parte de las estructuras delictivas organizadas.