Puebla se sumó a la marcha de la Generación Z para exigir justicia por el asesinato de Carlos Manzo, exalcalde de Uruapan, Michoacán. Lo que inició como un acto de hartazgo ciudadano ante la ola de violencia e inseguridad en el país, se convirtió en un evento político en contra del oficialismo que, si bien logró saturar las calles de la ciudad con miles de personas, pocas de ellas eran jóvenes.
La cncentración de la marcha, fue alrededor de las 11 de la mañana en Paseo Bravo, se apreciaba que la indignación por la muerte del exfuncionario, que se pronunció públicamente en contra del crimen organizado, había sensibilizado a más adultos mayores que a jóvenes.
A los pocos minutos, habiendo ya concentrado a más de mil personas, partió el contingente con un primer destino al zócalo capitalino para posteriormente trasladarse a Casa Aguayo. Con pancartas, banderas de México y lonas, los asistentes exigían a gritos un cese a la violencia e inseguridad que azota al país. La marcha, que avanzó entre vestimentas blancas, negras y sombreros, poco a poco empezó a mostrar la suma de otros grupos ajenos a la generación que la organizó, entre ellas, la Agrupación de Vendedores Ambulantes de la Central de Abasto.
Así, el discurso en contra del oficialismo se hizo presente, incluso desde antes que el contingente llegara al zócalo. “Chingadazos, no abrazos”, “Carlos Manzo vive”, “Puebla, escucha, esta es tu lucha”, “cuando el país arde el silencio es complicidad”, “los abrazos nos están matando”, fueron algunas de las consignas que gritaron al inicio, para después lanzar abiertamente mensajes en contra del gobierno federal