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Google despega en la carrera del cómputo espacial con su primer satélite para centros de datos

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Un cohete Falcon 9 de SpaceX despegó desde California con el primer satélite del proyecto Suncatcher, una iniciativa de Google diseñada para evaluar la viabilidad de desplegar centros de datos en la órbita terrestre. La maniobra busca dar una solución estratégica al elevado impacto ambiental y al alto consumo energético que estas infraestructuras generan en la Tierra.

A diferencia de competidores que han enviado servidores genéricos, la tecnológica estadounidense ha puesto en órbita hardware propio: cuatro procesadores TPU (unidades de procesamiento de tensor), la arquitectura base de sus modelos de inteligencia artificial. Desarrollado junto con Planet Labs, este prototipo inicial posee una capacidad de cómputo modesta —equivalente a una sola unidad de procesamiento de un centro de datos terrestre— y una vida útil estimada de un año. Durante su misión, mantendrá sus paneles alineados continuamente con el Sol para optimizar la captación de energía y operar de forma intermitente junto a Gemini.

El experimento enfrenta severos desafíos técnicos y operativos: la degradación de los chips por radiación electromagnética y tormentas solares, la rápida obsolescencia del hardware y la disipación del calor en el vacío espacial. A esto se suma el factor económico. Llevar carga al espacio cuesta hoy cerca de 3.000 dólares por kilo; Google proyecta que la red solo será rentable cuando los lanzamientos de cohetes reutilizables reduzcan ese coste a un décimo, algo que no prevé hasta mediados de la próxima década en un desarrollo estimado a 15 años.

Aunque Google se convierte en la primera gran tecnológica en poner en órbita sus propios procesadores propietarios de IA, el sector ya registra una competencia agresiva. Firmas como Starcloud probaron GPU de Nvidia en órbita a finales de 2025, mientras que gigantes como SpaceX y Blue Origin han tramitado permisos para constelaciones masivas de cientos de miles de satélites interconectados por láser. Los analistas coinciden en que estas redes orbitales no reemplazarán la infraestructura terrestre a corto plazo, sino que actuarán como una capa complementaria de alta seguridad y respaldo global.

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