Frente a la discusión legislativa y social que gira en torno a la eutanasia en el país, diversas voces eclesiásticas han manifestado su postura y exigido que la voz de los cuidadores primarios sea tomada en cuenta de manera prioritaria. De acuerdo con la jerarquía católica, el peso emocional, físico y económico que recae sobre quienes cuidan a enfermos terminales suele ser ignorado en las grandes discusiones bioéticas.
La Iglesia señaló que, en muchos casos, la presión y el desgaste extremo que experimentan los familiares y cuidadores profesionales los orillan a situaciones de vulnerabilidad profunda. Por ello, argumentan que cualquier marco normativo sobre el final de la vida debe contemplar redes de apoyo integral, asistencia psicológica y recursos económicos suficientes para sostener la labor de cuidado sin convertirla en una carga insostenible.
Durante los pronunciamientos emitidos en fechas recientes, se hizo un llamado enérgico a las autoridades sanitarias y legisladores para evitar que la discusión se reduzca a una disyuntiva meramente técnica o jurídica. Los representantes religiosos enfatizan que la cultura del descarte debe ser reemplazada por una auténtica cultura del acompañamiento humano, donde el dolor del paciente sea aliviado mediante cuidados paliativos de alta calidad.
Asimismo, se destacó el heroísmo silencioso de miles de personas que dedican sus días a cuidar a sus seres queridos en condiciones de precariedad. Para los líderes eclesiásticos, legislar sin escuchar a este sector es ignorar la realidad cotidiana de los hospitales y hogares donde se debate diariamente entre la esperanza, el sufrimiento y la necesidad de compasión verdadera.
El debate sobre la eutanasia continúa abierto en la agenda nacional, pero este llamado añade una perspectiva profundamente humana y social que obliga a voltear hacia quienes sostienen el sufrimiento ajeno. La Iglesia concluyó reiterando que la vida humana posee un valor inviolable, cuyo resguardo exige tanto la protección del enfermo como el rescate y apoyo incondicional para sus cuidadores.