Ante un escenario internacional marcado por tensiones en Medio Oriente, Japón anunció que recurrirá a sus reservas estratégicas de petróleo para hacer frente a posibles afectaciones en el suministro energético. La medida fue confirmada por la primera ministra Sanae Takaichi, quien detalló que el plan contempla liberar tanto reservas privadas como nacionales y, posteriormente, las que el país mantiene en conjunto con naciones productoras.
La decisión se da en un contexto de alta volatilidad en los mercados energéticos, luego de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques contra Irán a finales de febrero, lo que elevó los precios del crudo a niveles no vistos desde 2022. A esto se suma el cierre del estrecho de Ormuz, un paso clave para el transporte global de petróleo y gas natural licuado, lo que ha complicado la logística de envíos hacia Asia.
De acuerdo con el calendario planteado por el gobierno japonés, la liberación de reservas privadas inició el pasado 16 de marzo, mientras que las reservas nacionales comenzarán a utilizarse a partir del 26 del mismo mes. Posteriormente, hacia finales de marzo, se contempla el uso de inventarios compartidos con países productores.
Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, la aportación de Japón a la liberación coordinada de reservas podría alcanzar cerca de 80 millones de barriles, en su mayoría de crudo. A esto se suman alrededor de 13 millones de barriles adicionales almacenados en territorio japonés por países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, de los cuales se prevé utilizar una parte equivalente a varios días de suministro.
En paralelo, autoridades japonesas han buscado diversificar sus fuentes de abastecimiento. El ministro de Industria, Ryosei Akazawa, informó que algunos cargamentos de petróleo ya se dirigen al país desde rutas alternas que evitan el estrecho de Ormuz. Sin embargo, los tiempos de llegada varían entre finales de marzo y abril, lo que refleja la complejidad logística del momento.
El cierre de esta ruta marítima también ha impactado a empresas navieras japonesas, que han optado por detener el tránsito de sus embarcaciones en el golfo Pérsico por motivos de seguridad. Esto ha reducido aún más la disponibilidad inmediata de petróleo proveniente de la región.
A nivel interno, Japón analiza medidas para contener el impacto económico, como subsidios a combustibles y posibles intervenciones en el mercado energético. Mientras tanto, actores de la industria prevén que los suministros alternativos, incluidos los provenientes de Estados Unidos, podrían tardar hasta junio en llegar de manera regular.