Saraí Ávila Arellano desapareció el 3 de agosto del 2017, cuando salió de su domicilio en Puebla capital, pero la Fiscalía General de Estado (FGE) tardó dos años para emitir su ficha de búsqueda, y sus abogadas, se negaron a realizar investigaciones.
Desde hace nueve años, sus familiares y amigos no saben nada de ella, cuando la noche de ese mismo día fue vista por última vez en la Prolongación de la 11 Sur, en el Fraccionamiento Azul Residencial, cuando se dejó de saber de su paradero.
Datziry Ávila Arellano, hermana de Saraí, señaló que a partir de esa fecha, su vida cambió por completo y tuvieron que enfrentarse a “las autoridades corruptas” y a los capetazos, algún que mencionó, es común que pase ante la cantidad de casos de desaparición.
“Es muy triste, mi mamá la busca, obvio toda la familia la busca y estamos al pendiente de todo. La Fiscalía no ha hablado ni siquiera al teléfono, a decir estamos haciendo esto o encontramos esta pista”, agregó.
A pesar de que las autoridades tuvieron conocimiento un día después de su desaparición, fue hasta el 2019 cuando salió el boletín de manera oficial y sin ningún tipo de justificación.
La madre de la joven tuvo que promover una serie de recursos ante la institución encargada de la procuración de justicia, dado que había resistencia a indagar sobre la situación, por lo que tuvo que ponerse ante el entonces fiscal Gilberto Higuera Bernal, quien le dio seguimiento.
Su ausencia ha dejado un vacío en la casa y pasaron a convertirse a “la familia de una persona desaparecida”, y en el trayecto, ha perdido algo de sí mismos, aunque todavía se encuentran dispuestos a cambiar lo que sea a cambio de recuperarla.
Datziry describe a Saraí como “un ángel” y se esforzaba en su trabajo como educadora, así como una excelente persona, amiga y hermana, y a cada lugar al que iba, contagiaba con su alegría de los demás.
El camino se ha venido complicando, dado que su hermana dejó un hijo menor de edad, el cual tienen años sin verlo porque el padre se quedó con la custodia y deja que se acerquen a él.
“Su papá no nos deja verlo ni nada desde hace nueve años”, dijo.