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Frente a Trump, Sheinbaum es prudente porque tiene memoria histórica del dolor

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Después de más de cuatro décadas, la sociedad francesa ya tiene un ciclista. Es decir, uno con capacidad real de ganar su gran competencia, el Tour de Francia: Paul Seixas, quien ayer, a sus 19 años de edad, dio la gran batalla a Tadej Pogačar en la Strade Bianche. Si no lo hubiese estorbado legalmente el mexicano Isaac del Toro, quien bloqueó a Seixas cuando Pogačar se escapó faltando unos 80 kilómetros para la meta, quizá el francés habría logrado algo más que el segundo lugar.

Impresionante el casi adolescente: pedaleó en solitario muchísimos kilómetros persiguiendo a Pogačar. Del Toro en todo momento estuvo a su rueda protegiéndose del viento. A pesar de esto, Seixas, en la última subida, dejó atrás al oriundo de Ensenada.
Además de su fortaleza y su capacidad para subir cuestas muy pronunciadas —que no son superiores a las de Del Toro—, una de las razones que explican que Seixas haya podido dejar atrás al mexicano en los últimos y dificilísimos metros de la carrera radica en la memoria del dolor.

Es decir, en la falta de memoria del dolor. A los 19 años, con muy pocas carreras profesionales en su biografía, Seixas no ha sufrido lo suficiente en las altas montañas de Europa. Del Toro, tres años mayor, ya ha padecido la dureza del ciclismo.

La memoria del dolor en el deporte de élite no tiene que ver con lesiones. Se trata, más bien, de un mecanismo de defensa psicológico y neurológico: es la forma en que el cerebro registra el sufrimiento extremo de esfuerzos pasados para intentar evitar que el cuerpo llegue de nuevo a esos límites.

Ningún deporte es más exigente con el cuerpo humano que el ciclismo de ruta. En la fisiología deportiva se dice que el cerebro actúa como el jefe de jefes de todo el organismo. Esta tesis la propuso el doctor Tim Noakes.

Los ciclistas con más experiencia ya conocen el infierno y sus cerebros activan las alarmas de protección. Es lo que le pudo haber ocurrido al mexicano Isaac Torito del Toro. El francés Paul Seixas, novato, no recordó que podía hacerse daño con el esfuerzo y realizó un empuje extra que podría pasarle factura en próximas carreras.

Frente a la nueva ofensiva de Donald Trump, la mayor fortaleza de Claudia Sheinbaum no reside únicamente en la diplomacia, sino en la memoria del dolor acumulada por el Estado mexicano en numerosos episodios de agresiones recibidas desde EEUU.

Al igual que el ciclista que ha superado los puertos de montaña más duros de Europa, la mandataria encabeza una nación cuya fisiología política ha sido moldeada por el sufrimiento brutal de crisis pasadas, lo que le permite procesar la amenaza externa sin caer en bravuconadas que provoquen un fallo sistémico. Esta memoria del dolor nacional obliga a la presidenta Sheinbaum a no engancharse ante cada provocación del presidente Trump.

La memoria del dolor de la patria mexicana, registrada en nuestra historia, es el principal mecanismo de defensa que evita que el gobierno de Sheinbaum se paralice ante el pánico o se vaya de bruces entrando a peleas imposibles de ganar. Esto le permite dosificar el esfuerzo y resistir el embate de EEUU con una sangre fría que solo la estrategia basada en el conocimiento de la historia puede otorgar. Mientras otras personas —en la oposición o en la comentocracia— ven una zona de peligro o a una presidenta acorralada, la experiencia histórica de México le dicta a la mandataria que el cuerpo político tiene margen para superar cualquier crisis si se actúa con la clásica serenidad y paciencia de Kalimán.

La respuesta de Claudia Sheinbaum a la cumbre Escudo de las Américas en Miami, y a las provocaciones de Donald Trump en tal evento, revela un manejo estratégico de la memoria del dolor que evitará problemas mayores.

Ayer, 7 de marzo de 2026, tras recibir comentarios de Trump que oscilaban entre el halago y la acusación institucional, Sheinbaum respondió pidiendo cabeza fría. No entró a la batalla, sino que prefirió pensar las cosas varias veces antes de fijar la posición de México.

En el ciclismo, el corredor bloquea la señal de fatiga para no entrar en pánico y quemar sus energías antes de tiempo. En la relación bilateral, Sheinbaum está bloqueando la imprudente señal de indignación que parte del sistema político mexicano —la oposición, los medios— le exige emitir. Al retrasar su respuesta oficial al lunes, está poniendo en marcha el mecanismo de defensa; es decir, está diciendo absolutamente no a las reacciones viscerales que Trump busca activar. Ella sabe que una respuesta colérica es lo que Trump pretende. No la recibirá el presidente de EEUU, no de parte de la presidenta de México.

Nuestro país tiene una memoria del dolor muy profunda respecto a su relación con EEUU (intervenciones en siglos anteriores; hoy, aranceles e insultos). Su preparación histórica le dicta a la presidenta que cualquier reacción de enojo sería un peligro de muerte, por lo pronto en el T-MEC.

Sobre el foro regional de Trump con algunos países gobernados por la derecha, la presidenta sabrá enviar el mensaje de que México no necesita validación en reuniones de gobiernos conservadores para seguir siendo el principal socio comercial de EEUU.

Claudia encontrará palabras para decir: Si no participamos en el Escudo de las Américas, peor para el Escudo de las Américas, ya que las naciones que lo integran representan muy poco en términos de las relaciones comerciales con EEUU, mientras que México es fundamental para la estabilidad económica de no pocas regiones del vecino del norte.

Si Trump apuesta a que México recordará el dolor de las amenazas arancelarias pasadas y cederá en temas de seguridad, se equivoca. Porque lo que sí recuerda la presidenta Sheinbaum es el dolor más brutal de peores episodios en la historia —EEUU se quedó con parte del territorio mexicano—, lo que la llevará a defender con todo, sin pelear a muerte, la soberanía.

El motor económico de México es lo suficientemente fuerte para que el dolor no se convierta en una parálisis. Para la diplomacia mexicana, encabezada por el canciller Juan Ramón de la Fuente, y para el negociador de los acuerdos comerciales, Marcelo Ebrard, será fácil demostrar que México es el mejor amigo de EEUU. Se hará con datos; esto es, con la frialdad de los números que ubican a México como el socio indispensable.

Al invitar a 12 líderes afines (como Milei de Argentina o Kast de Chile) y dejar fuera a México, Brasil y Colombia, Trump está trazando una línea ideológica en el continente. Es su derecho… o su problema. Al sugerir que los beneficios comerciales son solo para los amigos, Trump busca generar presión interna en México para que la opinión pública exija una postura más dócil de la presidenta Sheinbaum.

Pero la realidad comercial es el muro con el que topa Donald Trump. Don Quijote diría: con los datos hemos topado, presidente Trump. La desproporción comercial es tan masiva que la retórica de amigos de Trump se vuelve económicamente peligrosa para el propio EEUU.

En el terreno de la seguridad, que coordina Omar García Harfuch, hay resultados tangibles, como la reducción del 50% en las incautaciones de fentanilo en la frontera estadounidense. Por lo tanto, la presidenta rechaza la entrada de tropas extranjeras que tanto le gustaría a Trump.

Lo más importante no está en los datos de seguridad, sino en los comerciales. Sheinbaum sabe que Trump no puede cortar a México sin causar serios daños económicos en EEUU. Mucho de lo que consumen los estadounidenses depende de que la frontera siga abierta.

Esa es la fortaleza de México: no somos importantes para EEUU por afinidad ideológica, sino por lo que representamos en términos de comercio. Difícilmente podrá Trump excluir a México del grupo de sus países aliados, porque las empresas estadounidenses exigirán que no se afecten sus cadenas de suministro por la falta de coordinación con el vecino del sur.

Trump no podrá frente al dato de 872 mil millones de dólares de comercio entre las dos naciones. Sus amigos, todos juntos, apenas representan el 16% de esa cantidad. Ni hablar, la realidad se impondrá, ya que el 75% de los estados de EEUU dependen de México para que sus sistemas económicos funcionen.

Posdata uno: Trump ignora que la crisis de seguridad, que con Sheinbaum ya se supera, la generó un gobierno tan conservador como el de sus amigos, el de Felipe Calderón. La derecha gobierna mal.

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